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Qiaotou y la garganta del tigre saltarin

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Hace mucho tiempo, tanto que no se sabe cuanto, paseaba tranquilamente por el lugar un cazador, cuando de repente se cruzó con un gran tigre, fiero y peligroso. Pero el cazador se sobrepuso al miedo y decidió hacer lo que mejor sabia hacer siendo un cazador, dar caza al salvaje felino. Para qué y con que fin no se sabe bien, si hay que cazar se caza y punto. El hombre acosó a la bestia siguiéndola entre las montañas, y la bestia fue llevando al hombre al lugar más peligroso que conocía, la profunda garganta de aguas rápidas y paredes hasta el cielo. Pero al final el tigre se encontró acorralado en un peñasco con el hombre acercándose con una sonrisa ya de satisfacción asomándose en los labios. El tigre rugía y el río también rugía a sus espaldas, hasta el viento rugía, afilado por las estrechas paredes de la garganta. De repente el animal saltó, saltó con todas sus fuerzas y desapareció de los ojos del cazador, desde entonces ese lugar se conoce como La Garganta Del Tigre Saltarín. Y después de este cuento chino paso a explicar a que viene todo esto.

Huimos de Li Jian como dragón llevado por el viento en busca de lugares más auténticos, y los encontramos, ya te digo, aunque siempre echaremos de menos el yogur de yak. Llegamos a Qiaotou, un pueblecito donde las mujeres llevan una cometa negra de un metro cuadrado en la cabeza, lástima que no tengamos pruebas fotográficas al respecto. Este pueblo es la puerta de entrada a la famosa garganta. Pasamos allí la noche, en el hostel de Jane la tibetana (menudo personaje) que recibió agradecida un libro de ilustraciones del kamasutra y otro de frases celebres del Dalai Lama. Al día siguiente emprendimos la caminata de lo que nos dijeron 7 horas hasta el hostel “Half Way”. Para mi fue lo mejor de la excursión. Después de la dura subida de “Las 24 curvas” el resto del camino era bordeando el acantilado por la misma pared de la montaña. Era un camino de cabras (montesas) y yaks, pero a nosotros se nos dio muy bien. He de reconocer que a veces pasé un poco de miedo-vértigo, pero las vistas me lo cambiaban gentilmente por ilusión saltarina. Llegamos a nuestro destino media hora antes de lo esperado (estoy hecha una jabata ya) y descansamos con la altísima pared rocosa enfrente. Al día siguiente hacía un viento terrible, que me hizo dudar si aventurarme a bajar la garganta hasta el río, pero bajé, para eso había ido, no? Ahí si que me cagué, las fuertes ráfagas de viento hacían que me aferrara a la pared de tal manera que el Pedro y el Hugo comenzaron a dudar si lo conseguiría. De verdad que la fuerza del viento era increíble, sólo recuerdo una vez que fuera más fuerte, cuando nos pilló el tifón en Japón. Pero bajamos, y bajamos y bajamos, y llegamos al río. Nuestras cámaras no pudieron recoger lo que vimos, tendréis que conformaros con pequeños pedazos del paisaje e intentar montarlo en vuestras cabezas. Llegamos al lugar desde donde supuestamente saltó el tigre, y tras descansar un rato emprendimos de nuevo la subida atajando algunos tramos por unas empinadas y altas escaleras. Misión cumplida, cegados por el polvo que nos abrasaba la cara llegamos a la carretera donde un coche nos recogió y nos llevó de vuelta al hostel de Jane.

 

De ahí a Li Jian otra vez para coger un bus a Panzhizua y de allí un tren hasta Cheng Du, donde nos encontramos ahora. Hoy es 13 de febrero, noche vieja. Anoche fuimos a una fiesta latina, bebimos y bailamos como jovenzuelos, lo pasamos bien. Vinimos aquí con la intención de disfrutar las celebraciones del año nuevo chino, pero resulta que es una fiesta familiar. Aun así, la gente del hostel, muy majos todos, nos han invitado a compartir algunas de las tradiciones de estas fechas, como hacer dumplings entre todos (y luego comérnoslos, claro), ver el programa de la tele de nochevieja, charlar en familia y cosas así. La verdad es que me recuerda un poco a la nit del foc, todo el tiempo se oyen petardos y se ven fuegos artificiales. Los chicos se acaban de ir a otra fiesta, yo como estoy un poco cansada aun de la de ayer (será la edad?) he decidido quedarme y escribir esto. Pero ya he terminado.

Un beso muy fuerte y ¡Feliz año nuevo!

p.d.: A las doce de la noche ha estallado la locura. Ha sido como si todos los petados y los fuegos artificiales de las fallas de los últimos diez años se hubieran tirado a la vez. Los chicos y yo hemos comprado una traca esta tarde y habíamos convenido en tirarla juntos mañana, pero no me he podido resistir. Yo, una valenciana en semejante situación y con una traca en la mochila … la he cogido y he salido corriendo a la calle a tirarla. Espero que lo comprendan …

 

 

 

 

 

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