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La música de la muerte: varanasi

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Nam Nam sacte eeh, Ram Ram sacte eeh, este pequeño mantra van cantando por el centro de Varanasi todos los porteadores de los muertos, pasan por delante de la puerta de nuestra guest house, las 24 h del día, no van despacio, como una comitiva fúnebre europea, casi corren, todo el mundo en las callejuelas se aparta a su paso, esto es un trabajo para los descastados, que fervientemente cantan y  se dirigen a la orilla del rio Ganges sin dilación, concretamente al burning Gat, para quemar a los fallecidos en la ciudad, los hacen a la vista de todo el que este dispuesto a contemplar el espectáculo.
A Varanasi, ciudad santa para los Hindus, llegan los moribundos con la esperanza de morir en tierra santa y que así puedan llegar mas rápidamente al cielo, desde aquí debe ser cuesta abajo.
Llegamos de noche después de un viaje de 24 horas desde la húmeda Darjeeling, con 5 horas de retraso, cansados y con ganas de descansar, en la estación nos recogió un Rick Saw, al cual ni siquiera le negociamos el precio, nos acerco al centro, hacia una Gest house que nos habían recomendado unos españoles en Kho Tao hace nueve meses (buena memoria la del Hugo),
El conductor nos dejo al borde de unas callejuelas donde ya no cabía el auto y nos dijo: This way, straigh, 20 minutes walking, 20 minutos andando!!!!, si si, not possible, only walking, de esta manera nos introdujimos en las callejuelas que preceden a los Ghats que bordean la orilla del Ganges, allá donde incineran a sus muertos y le rinden homenaje diario con ceremonias de cantos y fuego a su río sagrado. Después de preguntar 20 veces y que se nos uniera un guía (aquí es muy habitual) conseguimos llegar a la guest house, muy cara, nuestro guía sorprendentemente trabajaba en otra mas barata, pues bueno a estas horas de la noche no nos apetecía estar dando vueltas por callejuelas estrechas, oscuras, sucias y llenas de los mas diversos animales, así que nos dirigimos hacia allí, y aquí estamos alojados, a unos 50 metros del Ganges, con una pequeña terracita que nos permite escuchar desde la distancia  la música de los muertos.
Ya desde el principio nos cautivo el entramado de las callejuelas, los pequeños puestos callejeros, las pequeñas aglomeraciones de animales, vacas, perros, cabras, bueyes, monos, ratones, ardillas, personas …, el olor fuerte y en algunos casos desagradable de todas las calles, el ambiente de religiosidad combinado con los aires lúdicos-festivos que se respira por cada rincón , el paso constante de las comitivas fúnebres, los disimulados templos alojados en las casas de la gente, esa gente amable y siempre dispuesta a ayudarte, incluso sin pedirte nada a cambio, toda una combinación de la más autentica de las Indias, quizás todo eso que los turistas se encuentran por aquí, nos guste  o no.
Otro añadido para que aun sigamos aquí y de que seguramente nos quedemos unos días  más son todas las posibilidades de tomar lecciones de música, de yoga y  de meditación, algo que empezaremos hoy mismo, el Hugo y yo, de flauta, animados por un pequeño concierto que asistimos ayer de tabla, sitar y flauta.
Como todos los que nos encontramos a nuestro paso en los días precedentes a llegar aquí, ahora os podemos recomendar que para conocer bien la India hay que pasar por Varanasi o Benarés (aquí casi todas las ciudades tienen dos nombres).

Pedro

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