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Khechupari

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Khechupari 
Ya estamos en Sikkim, desde Darjeeling tardamos un par o tres de horas en llegar a Pelling acompañados de Jeremy (gabacho que habla castellano, por lo que puede jugar al San Juan), no vimos mucho del pueblo, la verdad, llegamos de noche y nos fuimos por la mañana con un francés (Jeremy), un japonés (Mazza Hiro) y un sudafricano (Ken) hacia el lago Khecheopalri. Es un lago sagrado y toda la orilla es como un templo, llena de oraciones al viento (esas banderitas de colores con cosas escritas). Dicen que los pájaros recogen las hojas que caen al agua, por eso no se ve ninguna flotando. Al llegar averiguamos donde estaba el alojamiento que nos recomendó el Eloi, La guest house Palace. Estando un poco despitaos a la entrada del desierto lago apareció un señor que nos dijo que era precisamente del Palace y nos indicó el camino, que resultó ser una dura subida de más de media hora a lo alto de la montaña, con mochilas y unos pesados sacos de dormir que alquilamos en Darjeeling (que por cierto nos van muy bien), menos mal que el bueno de Jeremy volvió a bajar para cargar con mi mochila, si no, no llego. Cuando alcanzamos la cima nos encontramos en una verde explanada donde viven 4 o 5 familias con sus animalitos y sus niños. Es una comunidad muy tranquila al abrigo del monasterio Khechupari, que hace un tiempo se derrumbó por un terremoto y está en resconstruccion. La aldea se llama Khechupari, como el monasterio, y alberga a un puñado de guiris, hipis y místicos. Los días soleados podemos ver desde aquí los picos nevados de Kabru (7338 m) y Pandim (6691 m) estando el lago a 1951 metros y calculo que nosotros estaremos unos 200 más arriba. Hace un frío que pela pero los dias que el Sol se deja ver presenciamos una explosión de verdor de nos hace brincar el ánimo. Aquí descansamos nuestros oídos y pulmones de la polución y ruido de la ciudad, y tras cada jornada nos vamos contagiando de la serenidad del lugar, de echo estamos retrasando nuestra salida con excusas absurdas. Con los cuidados de nuestro anfitrión, Sonam, las meditaciones con su padre, el Lama Pala, viendo como los lugareños realizan sus labores y acompañados de los curiosos niños y los sonidos de los animales es difícil resistirse, me siento Heidi con su Pedro por las montañas.
Aldea Khechupari 
Sikkim, India
Ya estamos en Sikkim, desde Darjeeling tardamos un par o tres de horas en llegar a Pelling acompañados de Jeremy (gabacho que habla castellano, por lo que puede jugar al San Juan), no vimos mucho del pueblo, la verdad, llegamos de noche y nos fuimos por la mañana con un francés (Jeremy), un japonés (Mazza Hiro) y un sudafricano (Ken) hacia el lago Khecheopalri. Es un lago sagrado y toda la orilla es como un templo, llena de oraciones al viento (esas banderitas de colores con cosas escritas). Dicen que los pájaros recogen las hojas que caen al agua, por eso no se ve ninguna flotando. Al llegar averiguamos donde estaba el alojamiento que nos recomendó el Eloi, La guest house Palace. Estando un poco despitaos a la entrada del desierto lago apareció un señor que nos dijo que era precisamente del Palace y nos indicó el camino, que resultó ser una dura subida de más de media hora a lo alto de la montaña, con mochilas y unos pesados sacos de dormir que alquilamos en Darjeeling (que por cierto nos van muy bien), menos mal que el bueno de Jeremy volvió a bajar para cargar con mi mochila, si no, no llego. Cuando alcanzamos la cima nos encontramos en una verde explanada donde viven 4 o 5 familias con sus animalitos y sus niños. Es una comunidad muy tranquila al abrigo del monasterio Khechupari, que hace un tiempo se derrumbó por un terremoto y está en resconstruccion. La aldea se llama Khechupari, como el monasterio, y alberga a un puñado de guiris, hipis y místicos. Los días soleados podemos ver desde aquí los picos nevados de Kabru (7338 m) y Pandim (6691 m) estando el lago a 1951 metros y calculo que nosotros estaremos unos 200 más arriba. Hace un frío que pela pero los dias que el Sol se deja ver presenciamos una explosión de verdor de nos hace brincar el ánimo. Aquí descansamos nuestros oídos y pulmones de la polución y ruido de la ciudad, y tras cada jornada nos vamos contagiando de la serenidad del lugar, de echo estamos retrasando nuestra salida con excusas absurdas. Con los cuidados de nuestro anfitrión, Sonam, las meditaciones con su padre, el Lama Pala, viendo como los lugareños realizan sus labores y acompañados de los curiosos niños y los sonidos de los animales es difícil resistirse, me siento Heidi con su Pedro por las montañas.

 

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Comentarios Khechupari

Buenas, familia
Después de leer tu post  me dan ganas de hacer ommmmmmm y olvidarme de este ruidoso mundo. Debe ser un lugar mágico ese lago desierto con las oraciones al viento, a ver si algún pajarillo trae algunas para castefa.
Me alegro de que esteis bien y disfrutando. Por aquí anda todo bien, con las rutinas de siempre.
Un besazo enorme para los tres.
Núria
Nú 27/11/2009 a las 10:49

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