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Kanyakumari o el fin de la tierra

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El fin de la tierra.

Al Sur de Kanyakumari, al Sur de Tamil Nadu, al Sur de la India, al Sur del todo está el cabo Comorín, el lugar mágico donde se juntan las tres aguas del mar de Omán, el golfo de Bengala y el océano índico. Kanyakumari es una ciudad sagrada de peregrinación ya que aquí Parvati, encarnada en la diosa Devi Kanya, venció a los demonios de Banasura que asolaban a los Vedas, salvando así al mundo. En su honor se construyó el templo Kumari Amman, oscuro y misterioso, el cual los hombres deben visitar descalzos y a pecho descubierto (las mujeres sólo descalzas) para agradecerle a la diosa su hazaña y pedirle algún milagrito.


 A esta ciudad también llegó el Swami Vivekananda, conocido como el monje peregrino. Vivekananda recorrió la india montado en sus sandalias sin más pertenencias que su cuenco de pedir limosna. Vio, escuchó y asimiló todo lo que fue encontrando y cuando llegó a Kanyakumari alcanzó la roca más austral del país, a unos 400 metros de la costa, a la que llegó a nado y donde se encuentran las huellas grabadas en la roca de la diosa Kumari. Allí meditó durante tres días acerca del pasado, el futuro y el presente de la India, y fue allí donde nació el movimiento Vivekananda que ha inspirado a millones de personas en todo el mundo. Este Swami comprendió que las castas paralizaban el crecimiento del país, y trabajó, a partir de aquel momento, por integrar las virtudes de occidente sin perder la espiritualidad ni la identidad india. Actualmente hay una multitud de Ashrams inspirados en sus ideas, esparcidos por toda la India dedicados al SEVA, ayuda desinteresada al prójimo, especialmente a los más necesitados. En la roca donde meditó este virtuoso joven construyeron en 1970 un monumento, el Vivekananda Memorial Rock con aspecto de palacio, que todos los peregrinos que llegan a la ciudad desean visitar.
 

A Kanyakumari vino también mahatma Gandhi, el presidente libertador pacífico de la India. Inspirado por la labor del Swami Vivekananda trabajó inagotable por la libertad y dignidad de todos los indios. Cerca del templo de la Devi Kanya hay un pintoresco mausoleo en su honor donde se guardan una parte de sus cenizas, con unas vistas privilegiadas al “fin de la tierra” donde se juntan los tres mares, y donde fueron vertidas el resto de las cenizas. El día de su cumpleaños, el dos de octubre, un rayo de sol atraviesa un pequeño orificio situado en la bóveda del templo y cae exactamente sobre la urna de mármol que contiene sus restos.

Todo esto hemos visto y aprendido en la mágica Kanyakumari.

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