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24 horas en Benares

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Tienes que ir a Varanasi, tienes que ir!!
 No se cuantas veces he escuchado eso a lo largo de nuestro viaje por India, sobre todo en los últimos días pasados en Sikkim cuando comentaba lo poco que me apetecía “volver” a la ruidosa y aturdidora India. Pues bien este es un resumen de nuestras primeras 24 horas en la ciudad sagrada del Ganges.

 Tras 20 horas de tren desde NJP, y con 4 horas y media de retraso llegamos a Mugal Saray, un pueblo a unos 20 km de Varanasi y un alocado rikshaw nos llevó hasta el casco antiguo y peatonal de la ciudad. Eran las diez de la noche y el lugar parecía dormido con sus laberínticas callejuelas en penumbra. Perdidos por los oscuros pasadizos descubrimos lo peligroso de la ciudad, que no son los maleantes, sino el riesgo de ser atropellado por una moto, una bici, una vaca o una comitiva fúnebre (y lo digo totalmente en serio) al grito de Ramma es la verdad!!! Se nos acercaron varios hombres ofreciéndose a orientarnos y que sorprendentemente no eran guías ni esperaban nada más que una sonrisa como pago. Buscamos una guest house que nos recomendaron 9 meses atrás en la isla de Koh Tao, pero aunque resultó bastante más caro de lo que nos dijeron nos ofreció la oportunidad de ver el Ganges de noche con esas escalinatas que se adentran en sus aguas llamadas Ghats, donde las gentes del lugar lavan la ropa, los utensilios de cocina, se lavan los dientes o se bañan, donde echan los restos de los difuntos, donde bañan a los búfalos y donde desembocan los desagües de la ciudad. Hacía poco que comentábamos que después de tanto tiempo viajando se pierde un poco la ilusión y la capacidad de sorpresa, pero cuando puse los pies en ese lugar sagrado que tantas veces vi en diferido o sobre el que he leído en textos evocadores… se me pusieron los pelillos de punta. Que decir de cuando sin saberlo nos plantamos en el Ghat de las incineraciones!!! Vimos seis o siete hogueras y nos dijeron que se incineran unos doscientos cuerpos al día, de hecho nuestra guest house (Sankatha Guest House, que está muy limpia y los empleados son muy amables) está en la callejuela por donde pasan todas las comitivas, por lo que en pocas horas dejaron de impresionarnos los séquitos de “intocables” cargando con los cuerpos cubiertos por un manto y adornados con flores, gritando el sagrado mantra. Los hindús creen que si mueres en Benarés rompes el ciclo de la reencarnación y vas al cielo hindú, también creen que bañándote en su río liberas karma (el karma es como un recuento de tus malas acciones y hasta que no te libres de todo tu karma estás condenado a renacer en este huerto de lágrimas). Después de alojarnos en nuestra habitación salimos en busca de algo que echarnos a la boca, pero como era muy tarde, estaba todo cerrado, menos el Blue Lassi, un pequeño establecimiento lleno de mugre donde preparan unos lassis riquísimos (no aptos para l@s escrupulos@s de la nata de la leche, pues los sirven con unos grandes y deliciosos cuajarones), con esto y un trozo de queso fresco nos fuimos a la cama con los cantos fúnebres de nana.
 Al día siguiente nos levantamos tarde, agotados como estábamos por el largo viaje en tren, y un empleado del hotel nos acompañó a visitar a un medico ayurvédico para que me librara de los dolores de estómago que me atormentaban desde hacia una semana. Las calles se nos ofrecieron muy distintas de día, con los mismos riesgos estrambóticos de atropello que la noche anterior pero aumentados, y sumándole carretas de queso, cabras, perros, cerdos, monos, bicicarros, y un sinfín de sorpresivas cosas. Por esos callejones hemos visto dentistas callejeros, bodas, planchadores con planchas de carbón, mercados de queso fresco, encantadores de serpientes, gurús, brahamanes y religiosos varios, una perrilla con 8 cachorros de un par de meses, cientos de templos escondidos, grupos de gente cantando mantras día y noche… podría no terminar. Después de comprar los diversos polvos de sabores inexplicables de la farmacia nos introdujimos en unas más que estrechas callejas, custodiadas por el ejército. Estábamos cerca del sacro santísimo templo Vishwanat, o templo dorado, dedicado a Siva, como señor del universo. Como no te permiten entrar en el pasadizo con ningún enser el Pedro se esperó fuera con nuestras pertenencias. Cuando el Hugo y yo nos adentramos decididos resultó que no nos dejaban entrar porque no éramos hindús, así que pensamos en rodear el templo por fuera para ver si podíamos vislumbrar algo. Caminando por el callejón nos invitaron a entrar en otro templo, dedicado a Hanuman, el dios de los monos, donde nos pusieron unas pulseritas y nos marcaron la frente con varios puntos de distintos colores. Curiosamente, cuando deshicimos el camino para reencontrarnos con Pedro pasamos de nuevo por delante de la entrada del templo y nos invitaron a pasar, creo yo que fue porque íbamos marcados con el punto sagrado. El lugar estaba cargado de una extraña energía, era pequeño y había mucha gente. Todos parecían muy emocionados por estar allí y rezaban con devoción llegando a llorar algunos. Se apelotonaban en una especie de fuente que, por lo que pudimos entrever, estaba llena de flores, donde introducían la mano y sacaban un trago de agua mientras los monos gamberreaban por todas partes. Nos sentimos incómodos de presenciar estas intimidades religiosas y nos fuimos de allí, para encontrarnos a un Pedro satisfecho que se había puesto minino comiendo pastas mientras nos esperaba.
Cuando regresamos al hotel el cielo estaba enrojeciendo, y me quedé embobada viendo una bandada de cometas de papel de seda que volaban los niños de la ciudad desde todas las terrazas.
 Después de comer algo decidimos ir a un pequeño local, pegado al Ghat de las cremaciones, abarrotado de sitars y de tablas indias pues un artesano los fabrica allí mismo. En ese lugar presenciamos un recital de música clásica india, de sitar y tabla, para nosotros solitos. El señor de las tablas parecía bastante novatillo (no como el crack que vimos días mas tarde) pero el virtuoso del sitar, Babajugalgiri ji Raag Basant, nos arrancó aplausos y ovaciones en los momentos más intensos de su interpretación.
 Radiantes por la jornada inolvidable nos sentamos, a las siete y media de la tarde, delante de unos batidos muy especiales, compuestos por lassi, miel, cardamomo, anacardos, pasas, plátano y el ingrediente estrella, el bhang. El bhang es un extracto de no se que parte de la planta del cannabis, y os aviso, es bastante fuerte. Yo le pedí al señor (te los puedes pedir en los establecimientos de lassi) que me lo hiciera flojito, y me pasé dos días colocada…
 Y así pasamos nuestras primeras horas en esta fascinante ciudad, donde nos hemos quedado muchos días ya que, misteriosamente, te va atrapando. Al final, poniendo todo nuestro empeño, nos decidimos a comprar los billetes de tren que nos saquen de aquí, nos iremos el domingo, con destino Kahurajho (que nombre más mexicano, verdad?).

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Comentarios 24 horas en Benares

Animo chicos,menuda aventura os espera en china.Lo del idioma de verdad que tiene que ser un lio,pero bueno supongo que lo pasareis en grande conociendo a chinitos.Un abrazo fuerte de gloria y mio.
damian damian 09/01/2010 a las 10:37

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